Algunas impresiones de mi experiencia laboral en Cork

Dudo un momento antes de tocar a la puerta. Mil pensamientos pasaban por mi cabeza ¿Quién estarà detras de esa puerta? ¿Entenderé lo que me digan? ¿Comó serán mis pràcticas?

Escuchè un zumbido y muy despacio abrí la puerta. Subí la escalera, un escalón tras otro. Cada uno me pareció un gran reto. De repente alguien bajò la escalera muy ràpidamente. Ella me miró con una sonrisa muy simpàtica y cuàndo me dió la mano me dijo: “No pude esperar arriba en mi oficina! Bienvenida a nuestro equipo!”. No sé por qué, pero en este momento supe que estarìa bien.

Mi empresa organiza pràcticas para jóvenes de toda Europa. Mis colegas me explicaron todas las tareas que tenìa que hacer. Entendì muy ràpido que frases como “Si puedes…” son solamente frases hechas y en efecto no tienes la posibilidad de decir “Lo siento, no puedo.” Simplemente, los Irelandeses suelen tratar de expresarse de forma muy amable. Un amigo me contó que un día su jefe le preguntó si podìa ir a su propia casa a comer. Mi amigo, que es muy trabajador, respondió que el podía comer en la oficina y seguir trabajando. Su jefe dudó y obviamente se sentió muy incomodo. Al final su jefe respondió “Tienes que irte de la oficina porque tengo una reuniòn.”

Poco a poco aprendì còmo tenía que comportarme en el mundo laboral irlandés. Aprendí que la pregunta “Comó estás?” no realmente es una pregunta, sino significa “Hola”. Aprendí que cada conversation tiene que empezar con unas palabras sobre el tiempo. Y ademàs, aprendí – y siendo una chica alemana, eso me ha sorprendido muchìsimo– a tratar a los jefes de las empresas por su nombre de pila. Ràpidamente me di cuenta de que mi tiempo en Cork significaba màs que llegar a saber unas palabras en Inglès y  pràcticar unas competencias profesionales.

Voy adquiriendo una nueva actitud hacia el trabajo y también hacia la vida en general. Algunos hábitos son desconcertantes pero otros te hacen sonreir. Al final, me dì cuenta de que mis hábitos (que pueden ser muy alemanes ) son solo una costumbre màs. Ésta experiencia fue muy inspiradora para mi.

Ya han pasado tres meses desde que abrí la puerta de la oficina por primera vez y en lugar de nervios ahora siento alegría cuando entro. Después de haber hecho las tareas màs sencillas poco a poco voy recibiendo màs responsabilidad,  trabajando màs independentemente y cada nueva tarea significa nuevos desafíos. A veces estuve muy nerviosa pero mis colegas siempre me motivaron y apoyaron. Así aprendí que los telèfonos rara vez muerden y, sinceramente, conseguir hacer frente a un nuevo desafìo es una gran sensaciòn– en palabras irlandesas:“good craic!”.

-Christin

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